22 nov. 2011

Regresar es ver el dolor al otro lado.

No avanzar ni retroceder. Comprender despacio.

La voz despeñada como un río corriente abajo

llegando a duras penas. Escuchar su caída.

Un golpe húmedo y oscuro

que deja al cuerpo despierto sin orilla

Y es fría la noche ajena que le arropa

la penumbra que vence los ojos sin lenguaje.

En la memoria todo se vive, nada vuelve.

Irse es olvidar lo que no se recuerda.

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